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Según una investigación realizada por la Universidad de Harvard, el 47% de nuestro tiempo nos lo pasamos distraídos (en “piloto automático”), sin estar presentes en lo que estamos realizando.

Y hay una correlación entre cuanto más distraídos vivimos, más infelices somos…

En el mundo en el que vivimos, estar ocupado está bien visto, además de ser una adicción para muchos (no siempre admitida).

La rapidez, la productividad, el tiempo, el logro y el dinero son temas de continua actualidad, en el que de una forma u otra, basamos el sentimiento de seguridad de nuestras vidas.

Así que cuando tenemos un momento libre… ¿Qué hacemos?: Llenarlo de más cosas que hacer (llamadas, correos, más objetivos), ya que no podemos permitirnos “perder el tiempo”.

El resultado de ese “no perder el tiempo”, muchos de nosotros ya lo conocemos: un aumento del estrés y ansiedad. Pero además una pérdida de conexión con nosotros mismos y con nuestras necesidades.

Cultura enfocada al “logro”

Vivimos inmersos en la cultura del “hacer y hacer”, perdiendo cada vez más de vista el “ser y sentirnos”.

¿Y porqué? Pues porque hay mucho miedo detrás de una pausa y de un silencio. Porque vivimos enfocados al logro, al tener y al reconocimiento externo.

Nos da miedo confrontarnos con una realidad, posiblemente no muy coherente con lo que verdaderamente sentimos que necesitamos y deseamos en este momento. O con la sensación de vivirnos sobrepasados, que no queremos mostrar.

Nos da mucho miedo sentirnos en ese temido vacío o insuficiencia en el que nos sitúa el no hacer nada, el estar tan sólo en silencio con nosotros mismos. Tememos sentirnos solos.

Mi experiencia en el silencio

Este mes he estado en un retiro de silencio de seis días.

Ha sido una experiencia confrontadora, desintoxicadora, y muy, muy reveladora y aún sin (aparentemente) estar haciendo nada, ha sido extremadamente “productiva”.

Los primeros dos días me picaba el cuerpo mientras meditaba, me incomodaba tanta inmovilidad, me dolía la cabeza, dormía peor y se me contracturaba el cuello…. (te estoy animando, verdad?! Jaja…).

Pero a partir del tercer día y hasta el final del retiro, empecé a ver la utilidad, la necesidad y el beneficio de una pausa.

¿Qué sucede cuando paramos?

Pues que muchas veces, primero surgen todas las resistencias posibles que la mente tiene frente a una situación, en la que cree estar perdiendo el control de algo.

Y a partir del momento en que te das cuenta que sólo son pensamientos y que tu puedes cambiar tu atención y tu foco sobre esos pensamientos y que todo va a estar bien, se abre un inmenso abanico de nuevas posibilidades y grandes beneficios para la salud, el bienestar y la productividad personal y profesional.

Beneficios de una pausa

Cuando nos permitimos parar, nuestra autoconciencia o auto-conocimiento y sabiduría interna, se activa y desarrolla, y produce unos efectos muy beneficiosos, en nuestro cuerpo, mente y estado emocional.

Parar nos permite:

· Mantener una mente más tranquila, enfocada y clara.

· Aumenta la capacidad de esfuerzo y energía.

· Mejorar la actitud frente al tiempo y su gestión optimizada.

· Incrementar la creatividad.

· Mejorar las relaciones y la capacidad resolutiva.

· Ofrece un espacio para la reflexión.

· Abre un espacio para verificar o reconducir el rumbo de tu vida y tus objetivos.

· Aumenta la capacidad de resiliencia, bienestar y sensación de felicidad.

¿Cómo empezar?

Pues siendo valiente para priorizarte y poner la intención en permitirte una pausa.

No es necesario que hagas un retiro de silencio, ¡claro que no!

Pero quizás puedas empezar por reservarte en tu apretada agenda, una hora al día para ti, para hacer algo que no tenga que ver con el trabajo, ni una “obligación” y que te aporte sentido y bienestar a tu vida.

Te propongo un ejercicio muy sencillo: entrar en contacto contigo, a través de la práctica de la respiración consciente.

Ejercicio “Pausa de las 20 respiraciones”:

1. Busca un espacio tranquilo y una silla.

2. Siéntate de forma cómoda, con los dos pies en el suelo, la espalda amablemente erguida, cuello suavemente recto y tus manos reposadas encima de tus piernas o regazo.

3. Cierras tus ojos, relaja tu cara y empieza a respirar por tu nariz de forma lenta, suave y profunda.

4. Y empieza a contar 20 respiraciones (inhalar y exhalar es una respiración).

5. Entrando en contacto con cada respiración, observando los movimientos que surgen en tu cuerpo, y observando cómo es esa respiración y qué sensaciones y emociones te produce.

Este sencillo ejercicio de atención a la respiración, te va ayudar a estar más presente en ti, a relajar tu mente y a aumentar tu capacidad de sentirte feliz.

Aprovecha estas vacaciones, para tomarte esa merecida pausa, para escucharte y dar espacio a todo eso que necesita de un silencio para ser atendido.

¡Felices vacaciones!

Minerva Castillo

Coach Salud y Bienestar

Formadora Mindfulness